Lecturas de cada día

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DOMINGO DÉCIMO DEL TIEMPO ORDINARIO.

SOLEMNIDAD: SANTÍSIMA TRINIDAD

PRIMERA LECTURA        

Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso

   Lectura del libro del Éxodo    34,4b-6.8-9

 En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra.

El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor.

 El Señor pasó ante él, proclamando:

"Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad". Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra.

Y le dijo:

"Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya."

 

INTERLECCIONAL: DANIEL 3

 R/  A ti gloria y alabanza por los siglos.

 Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, /
bendito tu nombre santo y glorioso. R.

 Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.

 Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.

Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, /
sondeas los abismos. R.

 Bendito eres en la bóveda del cielo. R.

 

 SEGUNDA LECTURA

 La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo

 Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios   13,11-13

 Hermanos: Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz.

Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual.

Os saludan todos los santos.

La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.

 

 EVANGELIO

 Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él

 Lectura del santo Evangelio según san Juan 3,16-18

 En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

 

 COMENTARIO:

   Jesús viene a traer la “gran Noticia de un mundo nuevo”. Y, para alcanzarlo es necesario nacer de nuevo. El hombre hace propia la salvación por la fe, o la rechaza por la incredulidad en Jesús, el enviado.

   A Jesús no se le puede admitir solamente con la simpatía del hombre sabio, honrado, entregado a su causa. A Jesús es preciso admitirle, por la fe, en su misión de “enviado del Padre que por la acción del Espíritu y el bautismo” nos alcanza la salvación. Este es el eje del misterio trinitario: Dios-Padre ama al mundo y envía a su Hijo como Redentor; y la acción del Espíritu Santo hace que los hombres lo recibamos como Salvador bautizándonos en su nombre.

   Dios ama al mundo. No lo condena. Pero lo salva por medio del amor cuya aceptación es libre por parte del hombre. La fe en Jesús Redentor alcanza la salvación. Por eso dice hoy el evangelista san Juan que “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que nadie, de los que creen en él, se pierda”.

   Dios no condena a nadie. Solamente se excluye del amor salvador de Dios quien no cree en Jesús como Salvador.  

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