Lecturas de cada día

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JUEVES DE LA NOVENA SEMANA DE T.O.

PRIMERA LECTURA

Está escrito en el libro: “Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad”.

Lectura de la carta a los Hebreos 10;4-10 :

 

Hermanos:

Es imposible que la sangre de los toros, y de los machos cabríos quite los pecados

Por eso, cuando "Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni victimas expiatorias.

Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad."" Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatoria que se ofrecen según la ley.

Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.» .

Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de. Jesucristo, hecha una vez para siempre.

SALMO RESPONSORIAL:    Sal 39,6. 8-11

R. Aquí estoy para hacer tu voluntad.

Cuántas maravillas has hecho,
Señor Dios mío,
cuántos planes en favor nuestro:
nadie se te puede comparar.
Intento proclamarlas, decirlas,
pero superan todo número. R

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y en cambio me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy
-como está escrito en mi libro-,
para hacer tu voluntad». R

Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación;
no he negado tu misericordia y tu lealtad,
ante la gran asamblea. R

EVANGELIO

Mi alma está triste, hasta la muerte

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   26,36 – 42

 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.
Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.
Entonces Jesús les dijo: Mi alma está triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.
Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?
Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño.
Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras.
Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores.
Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

COMENTARIO

   La escena de Getsemaní pone de relieve la plena humanidad de Jesús: camina a la muerte con miedo, busca la compañía de los hombres (le acompañaban sus tres más íntimos), se cierne sobre él la lejanía de Dios (Sal 42,6.12).

   Ilustra, al mismo tiempo, su enseñanza: recurre a la oración, la que él había enseñado, acentuando la necesidad de acatar la voluntad del Padre. El cáliz que debe beber es la muerte que debe sufrir.

   En su oración acepta Jesús plenamente la voluntad del Padre. Advierte, además, a los discípulos la necesidad de velar y orar para no caer en la tentación: esta tentación es la separación de Dios, por la lejanía de su voluntad, la muerte .total del hombre.

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