Liturgia

La aspersión y el acto penitencial en las misas de los Domingos de Pascua

Como muy bien sabemos, los Domingos de Pascua es recomendable empezar la misa con la aspersión del agua. Así lo dice la rúbrica del misal: «En el domingo, principalmente en el tiempo pascual, puede hacerse en todas las iglesias y oratorios la bendición y aspersión del agua en memoria del bautismo, en todas las misas, incluso en las celebradas los sábados en horas vespertinas. Si el rito se celebra dentro de la misa, ocupa el lugar del acto penitencial al comienzo de la misa.». De todos modos, no es un rito obligatorio sino optativo. El año pasado, a causa de la pandemia, quedó suprimido y, por lo tanto, las misas de los Domingos de Pascua empezaban con el acto penitencial habitual. Este año, por prudencia, en las hojas para la celebración proponemos empezar también las misas dominicales pascuales con el acto penitencial, aunque con las invocaciones propias del Tiempo de Pascua, omitiendo por tanto esta posibilidad de la aspersión bautismal. En cualquier caso, ofrecemos aquí el rito de la aspersión bautismal por si en algún lugar o en algún momento se puede y se quiere hacer (Misal romano, España, pág. 1305). − (Si se tiene que bendecir el agua cada domingo) Después del saludo, el sacerdote, de pie en la sede, vuelto al pueblo, teniendo delante el recipiente con el agua que va a ser bendecida, invita al pueblo a orar con estas o similares palabras: Invoquemos, queridos hermanos, a Dios, Padre todopoderoso, para que bendiga esta agua, que va a ser derramada sobre nosotros en memoria de nuestro bautismo, y pidámosle que nos renueve interiormente, para que permanezcamos fieles al Espíritu que hemos recibido. Después de un breve silencio, prosigue diciendo con las manos juntas: Dios todopoderoso y eterno, que, por medio del agua, fuente de vida y medio de purificación, quisiste limpiarnos del pecado y darnos el don de la vida eterna, dígnate bendecir + esta agua, para que sea signo de tu protección en este día consagrado a ti, Señor. Por medio de esta agua renueva también en nosotros la fuente viva de tu gracia, y líbranos de todo mal de alma y cuerpo, para que nos acerquemos a ti con el corazón limpio y recibamos dignamente tu salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 


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