Lecturas de cada día

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LUNES DE LA NOVENA SEMANA DE T.O.

MEMORIA: BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA

PRIMERA LECTURA

Madre de todos los que viven

Lectura del libro del Génesis 3,9-15

Después de que el hombre y la mujer comieron del fruto del árbol prohibido,

el Señor Dios llamó al hombre y le preguntó, “¿Dónde estás?”

Éste le respondió, “Oí tus pasos en el jardín; y tuve miedo, porque estoy desnudo, y me escondí”.

Entonces le dijo Dios, “¿Y quién te ha dicho que estabas desnudo?

¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?”

Respondió Adán: “La mujer que me diste por compañera me ofreció del fruto del árbol y comí”.

El Señor Dios dijo a la mujer: “¿Por qué has hecho esto?”

Repuso la mujer: “La serpiente me engañó y comí.”

Entonces dijo el Señor Dios a la serpiente:

“Porque has hecho esto, serás maldita entre todos los animales y entre todas las bestias salvajes.

Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida.

Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; y su descendencia te aplastará la cabeza, mientras tú tratarás de morder su talón”.

El hombre le puso a su mujer el nombre de “Eva”, porque ella fue la madre de todos los vivientes.

SALMO RESPONSORIAL: 86

¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!

¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios!
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob. R.

 Se dirá de Sión: “Uno por uno,
todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado” .R.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
“Éste ha nacido allí”. Y cantarán mientras danzan:
Todas mis fuentes están en ti.

 

EVANGELIO

Ahí está tu hijo. Ahí está tu madre.

Lectura del santo Evangelio según san Juan   19, 25-34

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.

Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”.

Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”.

Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.

Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo: “Tengo sed”.

Había allí un jarro lleno de vinagre.

Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca.

Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entrego el espíritu.

Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz.

Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno

y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.

 

COMENTARIO

 En efecto, la Madre, que estaba junto a la cruz (cf. Juan 19, 25), aceptó el testamento de amor de su Hijo y acogió a todos los hombres, personificados en el discípulo amado, como hijos para regenerar a la vida divina, convirtiéndose en amorosa nodriza de la Iglesia que Cristo ha engendrado en la cruz, entregando el Espíritu. A su vez, en el discípulo amado, Cristo elige a todos los discípulos como herederos de su amor hacia la Madre, confiándosela para que la recibieran con afecto filial.

María, solícita guía de la Iglesia naciente, inició la propia misión materna ya en el cenáculo, orando con los Apóstoles en espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hechos 1, 14). Con este sentimiento, la piedad cristiana ha honrado a María, en el curso de los siglos, con los títulos, de alguna manera equivalentes, de Madre de los discípulos, de los fieles, de los creyentes, de todos los que renacen en Cristo y también «Madre de la Iglesia»

Esta celebración nos ayudará a recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos.

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