Lecturas de cada día

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LUNES DE LA QUINTA  SEMANA DE CUARESMA

PRIMERA LECTURA 

Ahora tengo que morir, siendo inocente

Lectura del libro de Daniel 13,1-9.15-17.19-30.33-62

En aquellos días, la asamblea condenó a muerte a Susana.

Ella dijo gritando:

"Dios eterno, que ves lo escondido, que lo sabes todo antes de que suceda, tú sabes que han dado falso testimonio contra mí, y ahora tengo que morir, siendo inocente de lo que su maldad ha inventado contra mí."

El Señor la escuchó.

Mientras la llevaban para ejecutarla, Dios movió con su santa inspiración a un muchacho llamado Daniel; éste dio una gran voz:

"¡No soy responsable de ese homicidio!"

Toda la gente se volvió a mirarlo, y le preguntaron:

"¿Qué pasa, qué estás diciendo?"

Él, plantado en medio de ellos, les contestó:

"Pero, ¿estáis locos, israelitas? ¿Conque, sin discutir la causa ni apurar los hechos condenáis a una hija de Israel? Volved al tribunal, porque ésos han dado falso testimonio contra ella."

La gente volvió a toda prisa, y los ancianos le dijeron:

"Ven, siéntate con nosotros y explícate, porque Dios mismo te ha nombrado anciano."

Daniel les dijo:

"Separadlos lejos uno del otro, que los voy a interrogar yo."

Los apartaron, él llamó a uno y le dijo:

"¡Envejecido en años y en crímenes! Ahora vuelven tus pecados pasados, cuando dabas sentencias injustas condenando inocentes y absolviendo culpables, contra el mandato del Señor: "No matarás al inocente ni al justo." Ahora, puesto que tú la viste, dime debajo de qué árbol los viste abrazados."

El respondió:

"Debajo de una acacia."

Respondió Daniel:

"Tu calumnia se vuelve contra ti. El ángel de Dios ha recibido la sentencia divina y te va a partir por medio."

Lo apartó, mandó traer al otro y le dijo:

"¡Hijo de Canaán, y no de Judá! La belleza te sedujo y la pasión pervirtió tu corazón. Lo mismo hacíais con las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros; pero una mujer judía no ha tolerado vuestra maldad.

Ahora dime: ¿bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?"

Él contestó:

"Debajo de una encina."

Replicó Daniel:

"Tu calumnia se vuelve contra ti. El ángel de Dios aguarda con la espada para dividirte por medio. Y así acabará con vosotros."

Entonces toda la asamblea se puso a gritar bendiciendo a Dios, que salva a los que esperan en él. Se alzaron contra los dos ancianos a quienes Daniel había dejado convictos de falso testimonio por su propia confesión. Según la ley de Moisés, les aplicaron la pena que ellos habían tramado contra su prójimo y los ajusticiaron.

Aquel día se salvó una vida inocente.

SALMO RESPONSORIAL: 22

R/  Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo.

El Señor es mi pastor, nada me falta: /
en verdes praderas me hace recostar; /
me conduce hacia fuentes tranquilas /
y repara mis fuerzas. R.

Me guía por el sendero justo, /
por el honor de su nombre. /
Aunque camine por cañadas oscuras, /
nada temo, porque tú vas conmigo: /
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí, /
enfrente de mis enemigos; /
me unges la cabeza con perfume, /
y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan /
todos los días de mi vida, /
y habitaré en la casa del Señor /
por años sin término. R.

EVANGELIO

El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra

Lectura del santo Evangelio según san Juan   8,1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron:

"Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?"

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

"El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra."

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:

"Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?"

Ella contestó:

"Ninguno, Señor."

Jesús dijo:

"Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más."

COMENTARIO

   Dios siempre ha manifestado que seguirle a él no es cosa fácil y sencilla. También ha asegurado que él siempre nos protegerá; que no abandonará a quienes son sus amigos.

   Hoy vemos el ejemplo de una mujer que prefiere morir antes que quebrantar la ley de Dios; y Dios sale en su defensa. Pero ella ha demostrado su fidelidad a Dios y su gran temple de ánimo.

   Frente a esta mujer, el Evangelio nos presenta el caso de otra mujer que prefirió pecar afrontando el riesgo de morir apedreada, tal como mandaba la ley de su pueblo. Y en ambos casos, vemos la intervención de Dios. En uno, para proteger a la que es fiel; en el otro, para perdonar a la que pecó.

   Jesús no quita importancia al pecado de la mujer, pero resalta el perdón concedido. “No he venido a juzgar sino a salvar a los hombres”. Es fácil juzgar y condenar, sin mirar a nuestros propios pecados.

   Jesús perdona el pecado, concede la paz, pero al mismo tiempo advierte: “no peques más”.

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