Vía Lucis


Presentación e Introducción | Escenas del Vía Lucis

Presentación

Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés son, en el corazón de la Liturgia, como el motor de todo un tiempo de fiesta y de gracia.
Es el objeto central de nuestra fe: no sólo que hace dos mil años Cristo resucitó, sino que sigue viviendo y nos está presente en todo momento.
Es el "tiempo fuerte" por excelencia de todo el año cristiano.

Como cristianos queremos proclamar nuestra alegría y nuestra confianza en la Vida, porque creemos en el Señor de la Vida, Jesucristo resucitado. Y celebramos que el gozo compartido sea expresión de nuestra fe.
Es Pascua, cantamos al Señor de la Vida, cantamos al Señor Resucitado.

El recorrido de las estaciones del "Vía Lucis", es un intento de celebrar hoy al resucitado que VIVE llenando de vida la historia de los hombres. Es saber escuchar hoy desde lo más hondo de nuestro ser aquellas palabras: "No tengáis miedo, soy yo, el que vive. Estuve muerto pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos (Ap. 1. 17-18).
Y celebrar la fiesta de todos los que nos sabemos mortales pero hemos descubierto en Cristo resucitado la esperanza de una vida eterna.

En la Parroquia de San Esteban de Gorraiz, Joaquín Arelleno, arquitecto de la misma, ya dejó el espacio arquitectónico para dar cabida a esta representación escultórica del Vía Lucis, en 14 pasos  realizados por Antonio Oteiza, que os ofrecemos en este folleto los dominicos que regentamos esta parroquia.



Introducción

En esta presentación, comentario y en la contemplación del Vía Lucis nos situamos en el camino de la luz increada, lo cual cambia la naturaleza de la luz y hace que nos sintamos alrededor del misterio; nos situamos en el tiempo, pero el tiempo ya redimido, atando la vida al misterio de la encarnación – muerte – resurrección.

Cristo ha resucitado.

Cristo luz del amanecer, se siembra hoy en tu corazón. Aleluya.

Por eso, di sí a la vida de Dios en ti; di sí al amor de Dios en ti; disfruta de todo lo que Dios te quiere en Cristo; disfruta de la vida que te regala en Cristo; disfruta de su paz,  de su perdón, de su amor…  

Recibe el Espíritu, del resucitado; agradece a Dios este regalo y compártelo con los hermanos; agradece la salvación,  canta su alabanza… porque Cristo luz del amanecer, se siembra hoy en tu corazón. Aleluya.
                              
Sí, Cristo ha resucitado por eso sembramos alegría, cultivamos esperanza, hacemos comunión, comunidad, familia, y queremos que el amor florezca en  nuestras manos al revivir en el Vía Lucis las horas luminosas y alegres de la resurrección de Cristo. Con este Espíritu lo vivimos y hacemos patente y presente la Pascua.
Esta es la gran noticia, este es el Evangelio: Cristo resucitado de entre los muertos.

Sí, la Resurrección es el acontecimiento que ha cambiado la historia. No es una teoría, sino un hecho. No es una invención, sino una constatación. Los primeros seguidores incrédulos, llenos de dudas ante el anuncio, se han rendido a la evidencia: Cristo ha resucitado.

Éste es el acontecimiento cargado de significados salvíficos. El Hombre ha sido
liberado de la alienación radical de la muerte y de su raíz, el pecado. Todo hombre, como el Hijo del Hombre, no tiene ya un sino – la muerte- sino una meta : la VIDA, en el seno del padre.

Éste es el acontecimiento central del cristianismo que proclama el seguidor de Jesús. Éste es el acontecimiento del que hacemos memoria eucarística los cristianos.

Hacemos memoria, -recordamos-  que es sintonizar con un corazón de hombre nuevo la experiencia de la resurrección y tender a modelar la propia existencia conforme a esta experiencia.

Paul Evdokimov dice que el pecado más grande del creyente es la insensibilidad respecto al Resucitado. Sólo cuando se comienza a estar y a obrar en su presencia se puede esperar en la reconstrucción del mundo, porque entonces se empieza a ser hombres convertidos a la alegría y a la novedad: hombres nuevos y hombres vivos. Y, por eso, hombres verdaderos. Sin Él, sin Cristo resucitado la criatura se diluye. Con Él la vida se llena de luz, de paz, de alegría, de amor, de esperanza cierta de resurrección.

El signo de los signos, el amor supremo de Dios en la historia es la resurrección del Hijo. La resurrección es la firma de Dios a la vida y muerte de Jesús el Cristo, es el acontecimiento que da sentido radical y global a la propia existencia.

El Vía Lucis envuelve el mensaje de la resurrección en un halo de luz, es el triunfo de Jesús, el triunfo del hijo del hombre que nos envuelve a todos.

Todo el arte de los iconos es el lenguaje de esta síntesis muerte-vida, o sea vida a través de la muerte.
En el arte bizantino Cristo resucitado arranca a Adán y Eva de sus sepulcros y con sus pies rompe las puertas de la muerte. Las rocas abiertas indican que toda la creación participa de la victoria de Cristo. Así se ha expresado en el Oriente a través de los iconos, el camino de la luz.

Se advertía, entre nosotros, la necesidad de dar espacio también a la expresión artística de esta devoción. Con este deseo surgen estos cuadros escultóricos  realizados por Antonio Oteiza en la Iglesia de San Esteban de Gorraiz.

No es la escena del cuadro escultórico lo que se venera sino la belleza y la fuerza que el cuadro escultórico transmite... La luz del resucitado lo hace luminoso... destello de la luz divina... y la escena Evangélica la contemplamos con vistas a la participación en la vida y en la alegría del Señor Resucitado.

Mirar las escenas con luz celeste que ilumina desde el interior y así en un juego de miradas atisbamos que es el espíritu el que nos mira con mirada que santifica los ojos de los que ven.

En el Vía Lucis, en el “camino de la Luz vemos que la culpa es destruida. La Cruz es llave de victoria y redención. Es llave que cambia la muerte en vida, el dolor en amor, el pecado en gracia, el odio en perdón. Vemos que el tiempo es, una pascua, un paso luminoso hacia la meta consistente de la VIDA.
El Vía Lucis une así el camino de dolor, que no puede acabar en sí mismo, con el de la VIDA, que es la última palabra de Dios sobre el universo y la historia.

Todo amor a la vida a esta vida; toda alegría, en la medida que son auténticos, se transforman en participación en la Pascua de Jesús.
Sabemos bien de la brevedad de toda experiencia de alegría en la tierra y que esta experiencia gozosa se da siempre en medio de un mundo atormentado. Pero el Vía Lucis quiere poner horizonte de luz al camino atormentado o alegre y al final, poner el horizonte del triunfo en Cristo.

Horizonte de luz ya que el cristiano al recibir el bautismo al incorporarse a Cristo muerto y resucitado, no solamente muere y resucita con Cristo, sino que también desciende a los infiernos y sale de ellos siguiendo a Cristo.
Por eso, los signos de la paz dominan en el Vía Lucis sustituyendo a los del sufrimiento y del drama que dominan las secuencias del Vía Crucis.

Pascua, es la fuente de la felicidad y alegría, de esperanza y optimismo. El que contempla la luz divina contempla el misterio de Dios y sabe que la existencia de cada hombre de hoy se refunda sobre la Pascua de Cristo.

Contemplar el Vía Lucis es contemplar la luz increada y dejarse penetrar por ella. Es recoger la mirada de Dios, resplandor del más allá para vivir acá. Es luz que hace ver hoy la propia vida y su meta final;  es lugar de revelación.

No hay peor actitud, cuando te sientes aplastado, que saber que no hay salida de ninguna manera…. Y es ahí donde el Vía Lucis es energético también para los que luchan por la justicia y la libertad puestas al servicio de los hombres y de las mujeres que no tienen pan, casa, trabajo, futuro, de aquellos a quienes el cinismo de las lógicas del poder les arranca su dignidad.

Cristo ha resucitado. Por tanto, el mal no es invencible. Por tanto, hay salida para toda prueba. Cristo ha resucitado. Por tanto, es cierto que toda punzada de dolor es como dolor agudo de parto para que nazca a una humanidad nueva.

El hombre es un ser para la Pascua. Somos destinatarios de vida más allá del imposible humano. Se puede ofrecer a todos un vivir en el hoy de Dios viviendo en el hoy de los hombres.

Nuestro camino es camino de la luz, Vía Lucis del gozo y la alegría vividos con Cristo y gracias a Cristo resucitado.


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